OBSERVATORIO GLOBAL DE MEDIOS

Algunas consideraciones en torno al documento de El Observatorio de Medios “Sobre la libertad de expresión y el derecho a la información en Venezuela”

Judit Gerendas

1- Hay todo un largo historial en Venezuela, nunca denunciado en campaña internacional, de ignorar lo que no cabe dentro de los paradigmas muy restringidos y muy claramente internalizados por todos los actores de los grandes medios –dueños, directores, periodistas, entrevistadores y entrevistados-, de silenciar noticias importantes, en todos los ámbitos –político, social, cultural, etc.- generadas por personas o grupos que no forman parte de un establishment cuyos miembros se reconocen entre sí sin ninguna dificultad, porque producen una semiosis y manejan unos códigos que comparten y con los cuales se sienten identificados. Cuando asoma su cara el otro lo detectan inmediatamente, aunque muchas veces ese otro, en su ingenuidad, no se aperciba de ello, ignore las causas por las cuales es ignorado. No se trata de algo racial ni físico, sino de una cuestión de clases sociales (Marx dixit, cuya “gran narrativa” no ha sido enterrada, por más que les pese a los teóricos del postmodernismo).

2- Es evidente el ventajismo de los grandes medios –escritos y radiotelevisivos- frente al llamado oficialismo, frente a las realizaciones, propuestas e informaciones que emanan de las distintas instancias del gobierno central y de otras instancias, como las alcaldías, por ejemplo. Por tanto no es justo colocar en el mismo nivel de crítica o de análisis al gobierno y a la oposición, tal como se hace en el documento de El Observatorio.

3- Como ya he venido desarrollando en los puntos anteriores, una de las armas más poderosas de los grandes medios es el silenciamiento. Quisiera traer a la memoria de El Observatorio el momento en el que Hugo Chávez ganó la presidencia del país, con un porcentaje altísimo de votos y en absolutamente todos los estados de la República. Se veía en las pantallas el mapa de Venezuela, que paulatinamente se iba cubriendo, en todo el territorio nacional, con el color que representaba al candidato ganador. Simultáneamente, los cuatro grandes medios entrevistaban, uno tras otro, a todos los políticos que habían resultado derrotados, a los políticos de siempre, a los opinadores de todos los tiempos, sin darle espacio ni al candidato ganador ni a los otros nuevos políticos emergentes que hacían su entrada a un escenario que desde ya esos medios les estaban negando. Resultaba evidente que no todo el mundo tiene acceso a la revista Hola, los “privilegiados” que aparecen ahí tienen que corresponderse con un perfil rigurosamente establecido. El espectador ingenuo se quedó esa noche, aquí en Venezuela, esperando que el vuelco que el país le dio al acontecer político nacional fuera reflejado por los medios. El Observatorio de Medios no puede ser tan ingenuo como para ignorar esto y olvidar que los medios siempre funcionan así. No se trata de hechos asépticos: los documentos que se hagan en torno a ellos tampoco pueden ser asépticos, porque se vuelven inocuos.

4- Cuando en el aparte 1, inmediatamente después de criticar a los medios del Estado, se dice que “se registraron agresiones a los medios y a los periodistas durante el desempeño de su labor informativa”, no hace falta ser analista del discurso para inferir que se está hablando del Estado. Pero creo que eso no se puede sostener, las agresiones no partieron de ahí, sino de un pueblo enardecido, al cual no se le puede subestimar, que de verdad se ha vuelto protagónico, que ve televisión y oye radio y se apercibe de cómo son tergiversados los hechos, qué nivel de abyección han alcanzado las burlas, las ofensas, los agravios y los irrespetos a las personas que ocupan altos cargos en el gobierno, comenzando por el Presidente. Y se apercibe de cómo se degradan, a través de interpretaciones maliciosas e interesadas, eventos, proyectos e ideales que para las clases populares son valiosos, tienen un valor, otra categoría que hace su reaparición, a pesar de que el postmodernismo creyó barrerlo del escenario histórico y cultural para siempre. No creo que esta situación, un verdadero enfrentamiento de clases, se pueda reducir a una condición de hechos delictivos, tal como hace el documento de El Observatorio.

5- No sé hasta qué punto los miembros de El Observatorio han revisado todo el material que se genera día a día en los medios. Quisiera recordar que cuando ganó las elecciones por segunda vez Rafael Caldera (a quien los medios en general llaman, todavía hoy en día, “el presidente Caldera”, mientras que al presidente Chávez lo llaman, en el mejor de los casos, “Chávez”: en eso consiste la utilización de la semiótica), el actor cómico Pepeto López, que llevaba años haciendo una caracterización brillante, humorística e irónica de Caldera, en el programa televisivo Radio Rochela se despidió públicamente por cinco años de su propio personaje, reconociendo que no lo podría interpretar durante ese período. En cambio ahora se han multiplicado los programas que pretenden ser humorísticos y que sólo son chabacanos, groseros y vulgares, y en los cuales se irrespeta sin límite alguno al presidente y a su familia.

6- En este mismo orden de ideas, si se revisa la columna “Gritos y susurros”, del cronista social de El Nacional, Roland Carreño, se encontrarán, a lo largo de los últimos años, injurias y agravios a la esposa, a las hijas y a la madre del presidente, todo lo cual denigra, no de aquellas de las que se habla, sino del pundonor y de la honorabilidad del que escribe la crónica, así como del medio que le da el espacio e, incluso, del lector que no rechaza el agravio. Afirmaciones de la índole de las que se hacen en esa columna y en otras similares a ella, así como en numerosos programas de radio, atentan contra el ser mismo de la persona a la cual se refieren, algo del todo inadmisible y que los defensores de la libertad de expresión no han mencionado, algo muy grave, en mi opinión. Es bueno subrayar que el presidente no ha actuado en contra de ninguna de estas manifestaciones.

7- Entonces, no creo que se pueda hablar de libertad de expresión como de algo abstracto, etéreo, ideal. Hay que asentar el concepto en el terreno de los hechos reales, hay que contextualizarlo, hay que insertarlo en el momento y en el lugar históricos en el que se producen los fenómenos.

8- Tengo grandes reservas en cuanto a los objetivos y a los métodos del proyecto bolivariano. Pero no tengo ninguna duda en cuanto al nefasto papel que están jugando en estos momentos los grandes medios de comunicación de masas.
 

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