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OBSERVATORIO GLOBAL DE MEDIOS
A PROPÓSITO DE LAS ELECCIONES
REGIONALES 2004
LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA
Y LA FORMACIÓN CIUDADANA
Maryclen Stelling
Los venezolanos hemos asistido y
participado en 8 procesos electorales en estos últimos 4 años y lo
hemos confrontado de diversas maneras: con civilidad y con pasión;
movidos por sentimientos opuestos: el amor y el odio; por compromiso
con un proyecto de país y por miedo a ese mismo proyecto; conducidos
por verdaderos líderes o empujados por los neopolíticos en
contubernio con medios y profesionales de la comunicación.
En todos estos procesos electorales los medios han jugado un papel
importantísimo. Recordemos a Sartori , quien resalta el rol
fundamental que desempeñan los medios de comunicación en la
formación de la opinión pública en las democracias actuales, y
además afirma contundentemente: “El mundo es –para el público en
general– el mensaje de los medios de comunicación.”
Los medios han alcanzado una influencia muy directa en la
construcción del entorno social, tanto así que se dice que la
realidad social existe en y por los medios y que los hechos
sociales, por su parte, existen en tanto tales una vez que los
medios los han producido.
Los medios son importantísimos agentes socializadores y es a través
del proceso de socialización, que configuramos esas disposiciones
básicas que constituyen los universos políticos. Es a través de ese
proceso que adquirimos una determinada cultura política. A través de
ese proceso los individuos vamos conformando nuestras creencias
básicas sobre la sociedad y la política y vamos desarrollando
nuestras disposiciones ante la realidad política. Es a través de la
socialización que los individuos integramos a nuestra identidad los
significados de lo político y toda una gama serie de creencias que
la dan sentido a las relaciones que mantenemos con el poder
político. Que le dan sentido al voto o a la abstención, que le dan
sentido a marchar o a apoyar un golpe, a un paro, a una esquina
caliente, a un cacerolazo… a una protesta, a una huelga, etc.
En ese orden de ideas nuestra concepción del espacio público y
nuestro accionar político en general encuentra fundamento en un
conjunto de creencias, valores, normas y percepciones que tenemos
hacia la política. Nos enfrentamos al mundo de la política provistos
de una matriz de disposiciones básicas -creencias, valores, normas y
percepciones- que configuran ese Universo Político a través del cual
percibimos los estímulos políticos; por ejemplo la polarización, el
voto o la abstención, la protesta, la pasividad, los partidos
políticos, los líderes transformacionales, los transaccionales.
Allí, en ese sistema de disposiciones básicas descansan las muy
variadas relaciones que los venezolanos mantenemos con el ámbito de
lo político; tal como lo hemos planteado en otras ocasiones:
• rutinario votante de elección en elección
• abstencionista consuetudinario
• miembro activo de un partido político
• participante marginal de lo político
• miembro activo de una ONG, o de alguna red social
• usuario conformista de un aparato burocrático
• ciudadano descomprometido centrado en su propio bienestar
Y así podríamos elaborar una larga lista de las posibles relaciones
del venezolano con su entorno político.
Los venezolanos hemos venido configurando a lo largo de nuestra
historia una cultura política que explica ese universo político del
individuo. En nuestra opinión, actualmente impera en ciertos
estratos del paìs una actitud que podría ser denominada de Súbdito ,
aquella en la cual los ciudadanos perciben la influencia del sistema
político sobre sus vidas, pero la mayoría carece de interés en
participar realmente en el proceso político de manera significativa.
En este tipo de cultura encontramos una tendencia a limitar la
relación del ciudadano-política prácticamente a los procesos
electorales, y ello va acompañado de una reducción del ámbito
político a los profesionales de la política, conjuntamente con una
desvalorización de lo público y un sobredimensionamiento de los
intereses individuales y del ámbito privado. Es el ciudadano súbdito
que cumplen normas y disposiciones olvidando que son sujetos se
derechos que deben ser activamente ejercidos y reivindicados.
Creemos haber dejado atrás, como lo demuestran estos últimos años de
la vida política del venezolano, la cultura parroquial: en la
cual los ciudadanos no perciben la incidencia del sistema político
sobre su vida cotidiana.
Pensamos además que vamos camino, de la mano de la Constitución de
la República Bolivariana, hacia La cultura participante:
aquella en que la mayor parte de los ciudadanos participa efectiva y
eficazmente en la vida política. Recordemos que uno de los principio
de la Constitución es la participación que persigue ampliar y
fomentar la democracia representativa. Y más explícitamente pretende
“lograr que exista, entre elección y elección de los representantes,
un mayor control de parte de la sociedad sobre los asuntos que la
afectan directamente” y para ello se dotará al “Estado de mecanismos
de ajustes y retroalimentación constantes”.
Creemos que en esta coyuntura política está en juego el principio
de ciudadanía que supone unos ciudadanos que abandonan su rol de
espectadores pasivos y consumidores de mensajes para dar paso a un
ciudadano actor privilegiado y “corresponsable que contribuye
a formar parte de la solución de los asuntos que los afectan
directamente”, tal cual como está contenido en el principio de la
corresponsabilidad en la Constitución vigente.
Ubicada la discusión en ese contexto, pasemos a conversar sobre la
participación política. En el juego democrático encontramos diversas
formas de participación tanto en lo individual, sustentado en las
actitudes y significados atribuidos a la participación, como en lo
colectivo, a través de los canales de participación que trascienden
la vertiente electoral.
Los ciudadanos contamos con muy variadas maneras de aproximarnos al
ámbito político. La participación política es una acción que no se
agota en el ámbito electoral, y que incluye un amplio repertorio de
acciones para que los ciudadanos participen políticamente.
La participación de los individuos en el sistema democrático no se
limita entonces a lo las vías institucionales del sistema, muy por
el contrario da cabida a movimientos sociales, a iniciativas
ciudadanas y a organizaciones no gubernamentales. Todas estas son
acciones que le permiten al ciudadano participar políticamente a
través de procedimientos más o menos legítimos socialmente y otros
más o menos legítimos, pero desde la perspectiva legal.
La participación política es entonces un espacio de acción y de
expresión de los ciudadanos que tiene que ver tanto con la inserción
de los individuos en el ámbito político, como con la producción de
lo político y con los significados de lo político. Siempre la
participación política es acción por lo que se materializa en
actividades que se realizan en la esfera política.
¿Cuáles son esas vías, esos canales de participación pública, con
los que contamos en el proceso democrático?
• El Voto, que teníamos la oportunidad de ejercerlo el
domingo pasado. El voto, una actividad esporádica que permite
ejercer sobre los líderes pero que comunica muy poca información
sobre el individuo que lo ejerce, sobre las preferencias
individuales. El voto es una actividad individual que se realiza en
situación de conflicto, de enfrentamiento.
• Los partidos Políticos y campañas. Las campañas tienen un
alcance colectivo y al igual que el voto se realizan en situación de
conflicto, pero tienen un carácter menos individual porque exigen
cooperación entre los ciudadanos y quizá mas iniciativa. Estos
dos primeros son canales institucionales propiamente.
• Sin embargo, la participación en el sistema democrático no se
limita a lo las vías institucionales del sistema, da cabida también
a movimientos de protesta social, iniciativas ciudadanas, a
organizaciones no gubernamentales, Aquí se incluye la amplia gama de
acciones ciudadanas a través de las cuales los individuos transmiten
sus demandas e intereses y además pretenden influir en el sistema
político, independientemente de las formas que adopten y de la
legitimidad o legalidad con la que cuenten. Entonces las acciones de
protesta y de oposición, ese recurso tan utilizado por algunos
grupos de venezolanos en estos últimos 4 años, son consideradas una
forma de participación no convencional, pero participación al fin. Y
que además son propias de un contexto político de transformación y
cambio social.
¿Cómo ha sido la participación política del venezolano en estos
últimos años? ¿Cuál es la lógica y estructura a la que obedecen?
1. Al comienzo recordamos que los venezolanos hemos sido convocados
a participar en 8 procesos electorales en estos últimos 4 años. Por
lo que encontramos un ejercicio de participación política sostenido
y exacerbado a través de los canales
institucionales-convencionales de participación, como lo son el
voto, las elecciones y las campañas electorales.
2. A lo largo de este proceso de efervescencia electoral, observamos
un sobredimensionamiento de las actividades fuera de las vías
institucionales, aquellas acciones no convencionales como marchas y
manifestaciones públicas, “guarimbas”, todo tipo de desobediencia
civil en detrimento de los otros canales institucionales. De manera
tal que este ejercicio de participación política ha ocurrido también
a lo largo de estos 4 años, ubicado entre los períodos electorales.
Así, la participación política no convencional se circunscribió a
una gama de formas de movilización de protesta y en esas acciones
políticas ejercidas por algunos grupos empezaba y terminaba la
participación política. Allí, en ese limitado espacio, ese
venezolano, creía ejercido su Derecho a la Participación. Durante
esta etapa ocurre una participación multidimensional, en la que
amplios sectores combinaron actividades políticas tradicionales con
otras formas de acción política (protesta social). Sin embargo esta
forma de participación no convencional-no institucional ha ido
mermando a medida que se ha ido debilitando la oposición y su
liderazgo y se ha ido consolidando el proyecto bolivariano. Nos
preguntamos si han sido incorporadas al repertorio habitual de
acción política de los ciudadanos, sin embargo parecería mas bien
que estas formas obedecieron fundamentalmente a la coyuntura
política y, en ese sentido tendrían un carácter de excepcionalidad.
3. La conmoción electoral llega a su máxima expresión en la
coyuntura del referéndum revocatorio presidencial, un tercer momento
caracterizado por una alta movilización política, donde, por
supuesto, se recurre al uso de un canal institucional, el voto. Allí
se definió un panorama político en el que la abstención descendió
significativamente hasta el 30%, y la polarización se expresó en
unos resultados que arrojaron una oposición (el Sí) que contaba con
un importante capital político de 40% y un gobierno (El NO) con un
peso triunfador del 60%. Desde que se aceptó ir al Referéndum, los
grupos políticos en conflicto desarrollaron campañas que generaron
una altísima movilización política que culminó con el proceso
referendario, el 15 de agosto. Sin desmeritar estos canales,
recordemos que el voto se entiende como una participación
individual, como decisiones de individuos particulares y allí se
pierde el significado colectivo del fenómeno participativo,
en tanto que la identificación colectiva y la articulación de
intereses pasan a un segundo plano
4. Más recientemente, en las pasadas elecciones regionales (31 de
octubre) el ciudadano venezolano tuvo nuevamente la oportunidad de
participar políticamente a través del canal legal del voto y, así,
intervenir en la formación y en el funcionamiento del espacio
público. Sin embargo, en este proceso electoral no se mantiene la
alta movilización política que se despertó con motivo del referéndum
presidencial. Datos recientes del CNE ubican la abstención en el 54%
y aún cuando es alta, recordemos que en las elecciones del 98 ésta
alcanzó un 56%. A pesar de la importancia de lo que se discutía en
las regionales, la elección de alcaldes y gobernadores, los espacios
políticos del gobierno y la oposición, un número significativo de
venezolanos decidió no ejercer su Derecho al Voto.
¿Qué lleva a las personas a participar en política mientras que
otras no lo hacen? Podríamos nombrar una serie de factores sociales
el estatus socio económico, la educación, el género y la edad;
igualmente las actitudes individuales, los valores sociales
predominantes, las normas sociales que provienen de la pertenencia e
identificaciones sociales (genero, clase social, religión, etnia,
etc).
En ese sentido, queremos recordar algunas de las funciones de las
elecciones:
1. Producen representación
2. Producen gobierno
3. Producen legitimación
1. Producen representación
Función que supone la designación de un cuerpo colectivo que actúa
en nombre de nosotros los ciudadanos.
En sentido estricto, no se deberían elegir a los candidatos por sus
cualidades personales o por su independencia, más bien por su
afiliación a algún partido político o por su compromiso con alguna
ideología.
Curiosamente los venezolanos, o al menos unos cuantos, hemos elegido
en base a cualidades personales, a pasiones y sentimientos con las
dos tendencias en conflicto chavista-antichavista.
2. Producen gobierno
Función que se refiere a que las elecciones tienen como finalidad la
designación de personas que llevarán a cabo un programa político.
Aquí también, como en la función anterior los partidos políticos
tienen un papel clave.
La falta de pluralismo es muy peligrosa para la estabilidad del
sistema político. Algunos venezolanos parecen haber olvidado esta
función y prefieren abstenerse, olvidando que con nuestro voto
“producimos gobierno” pero también producimos oposición.
3. Producen legitimación
Las elecciones cumplen un papel legitimador, una vez que han
sido elegidos los candidatos para el desempeño de su rol de
representantes del poder. La legitimidad se centra en el nivel de
apoyo y validez que recibe un gobernante. Me pregunto si algunos
venezolanos han decidido abstenerse solamente pensando de una manera
limitada en esta tercera función de otorgar legitimidad, olvidando
las dos anteriores.
De allí la importancia de votar y el deber de todo ciudadano de
participar de alguna forma en el proceso democrático y ello queda
consagrado en El Derecho a la participación.
En el caso del voto, el no ejercer ese Derecho expresa, en nuestra
opinión, una participación pasiva o una no participación efectiva
de graves consecuencias para sistema político. Por una parte, afecta
tanto la legitimación de la propia representación política, como la
formación de gobierno y oposición, mientras que a nivel individual
no se produce la necesaria integración político-participativa del
ciudadano.
Todo comportamiento trae consecuencias y elegir la marginalidad
de una participación pasiva o de una no-participación supone
unas rojas consecuencias que tanto perdedores como
triunfadores deben afrontar.
Para finalizar creemos que se debe repensar la participación
política y, en ese sentido nos solidarizamos con el concepto que
ofrece Maruja Revilla Blanco que reivindica nuevas formas de hacer
política:
La participación política es toda acción ciudadana que permite
la intervención de los ciudadanos en la producción del orden
democrático, ya sea introduciendo valores, demandas o temas en la
agenda política, influyendo en quien como y sobre que se decide, o
adoptando estrategias directas de resolución de conflictos.
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