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OBSERVATORIO GLOBAL DE MEDIOS
Defensoría del Pueblo
Primera Jornada Nacional sobre Libertad de Expresión
Venezuela, medios, libertad de expresión
Aram Aharonian*, En Venezuela no
hay libertad de expresión... Lo que existe es un absurdo
libertinaje, montado sobre las señales de televisión como
colonizadoras de la realidad, aprovechando la inercia de un Estado
que ha respetado derechos pero ha abstenido de asumir su
responsabilidad de hacer cumplir los deberes sociales de los medios
de comunicación.
UNO
El presente venezolano confirma que el proceso de acumulación de
capital en los medios de comunicación -y, más allá, en las
industrias de contenido- es a la vez y simultáneamente el proceso de
manipulación de la conciencia social y de dominio público. Liberados
de las presiones del poder político, que ellos ayudaron a destrozar,
los medios venezolanos cayeron bajo el control del poder económico y
se mantienen lejos del servicio a los ciudadanos y mucho más lejos
aún del debate de las ideas. A lo largo y ancho del mundo, los
contenidos y los fines de la comunicación son puestos, cada vez más,
en función de los intereses del capital: los medios se convirtieron
en arietes de la globalización, en los nuevos misioneros del
capitalismo corporativo.
La información y la comunicación, deben ser garantes de un proceso
democrático de crecimiento con participación popular. Por ello se
hace necesario convertir al comunicador social en un instrumento
para la integración, en un facilitador de los procesos que lleven a
una América latino-caribeña unida para afrontar los desafíos del
futuro. Pero hay algo que no se puede olvidar: no puede haber
participación, democracia, ni integración sin el acceso a la verdad.
Hoy, los medios de comunicación son los nuevos mercaderes de la
realidad y nos bombardean con el estribillo de que lo que no es
difundido es como si no hubiera ocurrido. Lo que los medios afirman,
queda establecido, y lo que ignoran, prácticamente no existe.
Vivimos una realidad virtual mediatizada. Los medios eligen los
actores -quién es el protagonista y quién el antagonista-, escriben
el argumento, fijando qué se informa y sobre qué se opina, y
conforman el desenlace. Sin duda, el pluralismo de opiniones dentro
del medio y el pluralismo de medios dentro de la sociedad
asegurarían la democracia y la misma inteligencia. Pero el monopolio
de la comunicación hace retornar al ser humano al oscurantismo, a un
mundo virtual lejano a la realidad.
Hoy, como producto de la revolución digital que provocó la mezcla
del texto, el sonido y la imagen, las fronteras entre el mundo de la
comunicación, el de la cultura de masas y el de la publicidad son
cada vez más tenues, y las grandes empresas -a través de
megafusiones- se han adelantado a. gestionar todo el contenido de
estas distintas esferas.
Los procesos de acumulación de capital que antes se daban en un
espacio y en un tiempo determinados (en una fábrica, en horario
laboral), hoy se han trasladado también al espacio privado del
hogar, y comparten su desempeño junto con la publicidad y el
entretenimiento, que antes disfrutábamos en tiempos de ocio. El
espacio privado fue invadido, colonizado, por esta industria de
contenidos, que nos da en un mismo paquete, con lazo incluido, la
información, la cultura de masas y la publicidad, con el mismo
lenguaje simplista, reduccionista, con el mismo fin de manipulación
ideológica y consumista.
Nuestras sociedades consumen hoy grandes dosis de información sin
saber que es falsa. La clave pareciera ser un sistema de
instantaneidad que nadie puede verificar y que en muchas ocasiones
no es tal, sino una aviesa manipulación de laboratorios y estudios
de cine y televisión.
Latinoamérica viene acarreando muchas deudas comunicacionales, como
la verdad sobre genocidios, invasiones, latrocinios, represión;
lucha indígena, campesina, popular. Y resulta paradójico ver que
aquellos dueños de periódicos que fueron cómplices de las feroces
dictaduras del Cono Sur, hoy se rasgan las vestiduras diz que en
nombre de la libertad de expresión, insistiendo en confundir la
libertad de prensa con la de empresa. Sí, son esos mismo señores de
la SIP, cómplices de los genocidas dictadores, que denunciaron a más
de un centenar de nuestros compañeros periodistas, hoy desaparecidos
y muertos.
Los actores principales de la globalización, las empresas
trasnacionales, juegan un papel por demás importante en el campo de
la información. En el mundo de hoy, el primer poder es económico y
financiero, y el segundo el poder mediático, que es el aparato
ideológico de la globalización. La concentración de riqueza de los
países más ricos ha sido en desmedro de la cultura, del bienestar y
el desarrollo de las naciones más pobres. A ello debemos sumarle la
creciente concentración del poder de la comunicación social en los
planos nacionales y también en el trasnacional, para manejar a su
antojo el bombardeo en tres dimensiones que parecen unificarse:
información, cultura de masa, publicidad.
Hoy, el inmediatismo no permite el análisis de la noticia, y la
información pasa a ser más de impresiones y sensaciones, que de
verdades y realidades. Además, se ha invertido la torta: las grandes
empresas mediáticas venden consumidores a los anunciantes y cada vez
más la información tiende a ser solo un gancho para este comercio.
Los investigadores han constatado grandes coincidencias en los
discursos de las grandes empresas en cualquiera de estas dimensiones
(información, cultura de masa, publicidad): son rápidos, utilizan
frases cortas y títulos impactantes; son sencillos, sostienen un
vocabulario básico y capaz de ser entendido por todos; y utilizan
permanentemente los elementos de dramatización: se expresan mediante
emociones. Transmiten noticias de la misma forma en que uno le habla
a los niños: sencilla, brevemente y de forma emocional, conduciendo,
inevitablemente, a una concepción reduccionista del pensamiento.
DOS
El sistema comunicacional privado de Venezuela, obedeciendo más a
las leyes del mercado y a los objetivos políticos que a las de la
información, pretende imponer las "verdades" mediáticas, en el
sentido de que cuando todos los medios de comunicación dicen que
algo es verdad -como por ejemplo que los iraquíes o los chavistas
son malos-, eso se impone aunque sea falso, tal como quedó
demostrado con el video sobre Puente Llaguno. Pero este gigantesco
laboratorio de la manipulación mediática en que se ha convertido
Venezuela ha demostrado, también, que pese a que todos los medios
comerciales callaron el 13 de abril de 2002, la verdad real se
impuso a la virtual. Aunque las televisoras, las radios y los
diarios lo ocultaron, el presidente Hugo Chávez retornó al palacio
de Miraflores.
El abandono de la función social por parte de los medios venezolanos
y su suplantación por contenidos tendenciosamente orientados, tiene
como consecuencia la total desinformación y evidente manipulación de
los receptores. Hoy periodismo, relaciones públicas y publicidad se
confunden al servicio de los grandes capitales. Todos sabemos que el
sentido y el mensaje propagandístico y publicitario no forma
ciudadanos, sólo consumidores y borregos. Y en eso, los grandes
medios de comunicación hacen su labor, sin interesarles en lo más
mínimo los conceptos de soberanía popular y su derivado de
ciudadanía. El nuevo paradigma se llama rentabilidad,
individualismo, consumismo, formación de una sociedad de idiotas
útiles al servicio del gran hermano corporativo.
Los medios han abandonado los preceptos que habían normado su papel
y su funcionamiento: su responsabilidad social en tanto
intermediarios entre las instancias de los poderes instituidos de
cualquier signo - político, económico, cultural, ideológico,
militar, religioso, de los grupos de presión, partidos y movimientos
sociales - y los ciudadanos.
Esta intermediación implica que no basta con la existencia formal de
la libertad de expresión ni con el derecho a la información. Existe,
además, la responsabilidad de los medios de proporcionar un tipo de
información y de orientación que garanticen realmente una
participación más plural, diversa e igualitaria de los ciudadanos en
la vida pública.
Debemos entender por qué esta reacción sin límites contra el
gobierno de Chávez, que es encabezada por aquellos que durante 40
años detentaron el poder económico y político y que hoy no solo se
sienten excluidos sino que están temerosos de perder los privilegios
acumulados durante décadas. A simple vista, pareciera que no
existiera nada que justificara las arremetidas contra el gobierno
constitucional. El cuento del barbado lobo castro-comunista no
soporta el menor análisis: la propiedad privada está garantizada por
la nueva constitución y el gobierno ha insistido en la apertura al
capital nacional y extranjero desde las telecomunicaciones a la
explotación de hidrocarburos. Es más, en cuatro años no se ha
expropiado a nadie, no se ha cerrado ni un solo medio de
comunicación social ni se los ha perseguido, no hay un solo preso
político... y, mucho menos, un periodista preso. Antes, los medios
de comunicación, que también participaban en esa repartija llamada
democracia representativa, tenían su cuota en el parlamento, en los
concejos municipales, desde donde garantizaban que ninguna ley
atentara contra sus intereses.
En abril de 2002, apenas consumado el golpe, denunciaba que el mismo
tenía olor a hamburguesa, jamón de jabugo y a petróleo. Sin duda el
botín del golpe, como quedó totalmente confirmado el último fin de
año, era apropiarse de la estatal petrolera Pdvsa, y tras ella están
no solo los amigos de George Bush y los de la empresa española
Repsol, sino otras transnacionales. Otro botín son los fondos de
pensiones, que el gobierno de Chávez no permitió que pasaran a ser
administrados por los grandes bancos españoles y estadoundienses, y
las enormes reservas auríferas y de minerales de la zona suroriental
del país. Y lo dramático es que en Venezuela no hay capitales para
tales explotaciones, así que solamente están haciendo el mandado
para los de arriba. Nunca dejemos de tener eso en claro, pero el
objeto de esta charla no es hablar del petróleo, de Irak, de Bush...
En Venezuela se aplican todas las técnicas de manipulación
informativa y psicológica: ocultamiento de hechos, tergiversaciones,
hiperdimensionamiento de los acontecimientos que pudieran favorecer
sus posiciones, descontextualización de declaraciones, lenguaje
descalificador, títulos que no corresponden con la información...
Y, precisamente, esta situación vivida en Venezuela debe servir para
buscar el necesario equilibrio entre las potestades del Estado y las
libertades de los medios, sus propietarios y trabajadores, frente al
inalienable derecho de la sociedad a obtener una información plural.
Más allá de brillantes alegatos académicos, hay una realidad
insoslayable en esta América del tercer milenio: la lucha para que
el marginado pase a ser ciudadano y el ciudadano deje de ser objeto
para convertirse en sujeto.
Seamos claros: el tema de los medios de comunicación tiene que ver
con el futuro de nuestra democracia. Hoy en día la dictadura
mediática quiere suplantar a la dictadura militar. Son los grandes
grupos económicos que usan a los medios y deciden quién tiene o no
la palabra. El que más vocifera contra los cambios, más pantalla
logra. Es una especie de precompra de candidatos presidenciables.
Una información plural sólo será posible mediante una normativa que
garantice transparencia en los procedimientos y reduzca al mínimo la
discrecionalidad, pues ésta ha conducido siempre a la ausencia de
certeza jurídica y, por ende, a interpretaciones abusivas por parte
del emisor de informaciones. Según la normativa legal vigente, salvo
el señalamiento constitucional sobre el derecho que tiene el
ciudadano a obtener una información plural, los medios de
comunicación privados no tienen otras obligaciones en el manejo de
lo que finalmente viene a ser un bien público, la información. Y,
así, cobra fuerza el debate sobre el papel de la comunicación en la
sociedad, que no es propiedad de ninguna empresa o consorcio en
particular, así como sobre el papel de los canales ciudadanos para
hacer uso con responsabilidad de ese derecho que tenemos todos a
informar y ser informados.
Desde el punto de vista del derecho internacional es el Estado el
primer responsable por la protección de los derechos humanos, pero
ello no libera a los medios privados de comunicación y a los
periodistas de establecer compromisos éticos transparentes con los
ciudadanos, reconociendo que la información tiene un valor social y
ello reviste de ciertas responsabilidades a medios y periodistas, en
especial en coyunturas de crisis política como la que vive
Venezuela. Todo lo que se ha estudiado deja en claro que no se trata
de hechos espontáneos y hay suficientes evidencias de que los
procedimientos manipuladores de los medios fueron conscientemente
planificados y ejecutados como aporte fundamental para el
calentamiento del debate político en el cual la batalla mediática es
parte esencial de las armas políticas.
Es más, hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en el
informe presentado tras su visita in loco de mayo de 2002, resaltó
"la escasa y en ciertos momentos nula información en que se encontró
la sociedad venezolana en abril. Aunque puedan existir múltiples
justificaciones para explicar esta falta de información, en la
medida en que la supresión de informaciones haya resultado de
decisiones editoriales motivadas por razones políticas, ello debe
ser objeto de un indispensable proceso de reflexión por parte de los
medios de comunicación venezolanos acerca de su rol en tal momento".
Pero, obviamente, poco ha dicho sobre las responsabilidades de los
medios en el ejercicio del derecho ciudadano a la libertad de
expresión.
TRES
La visión que exportaron durante meses los medios de comunicación
sobre Venezuela es de caos, de que Chávez estaba derrocado.
Exportaron la misma imagen mediática que cultivan en Venezuela. La
prensa venezolana habla en blanco y negro y los grises de la prensa
internacional les molesta. Los profesionales venezolanos de los
medios comerciales están hoy abocados a la militancia, la
autocensura o el abandono. Venezuela es hoy el campo de prueba de
todas las técnicas de manipulación informativa y psicológica, y los
medios de comunicación estafan a lols consumidorfes: en lugar de
información les dan opinión y en lugar de análisis propaganda y
agitación.
Tras aprobar la nueva Constitución, el gobierno de Chávez adelantó
varias leyes que iban a complementarla, como la de Tierras, la de
pesca, la de gas, minería, Hidrocarburos. El poder económico intentó
rodear al nuevo orden , pero falló, y sacó todos sus cañones para
derrocar a quienes intentan una serie de cambios estructurales que
los deja sin acceso a las riquezas de un país que supieron ordeñar
durante décadas.
Y Venezuela, decía, vivió en el 2002 dos situaciones preciosas para
cualquier periodista: el golpe de estado del 11 de abril con el
consiguiente retorno del presidente Chávez apenas 46 horas después,
y el llamado gran paro general indefinido hasta la renuncia del
mandatario. En ambas acciones, los protagonistas fueron casi los
mismos: la llamada nómina mayor de la estatal petrolera Pdvsa, la
federación de patronos Fedecámaras y la cúpula de una central
sindical que apenas representa al 12,3% de los trabajadores de un
país, donde el 52% de los mayores de 15 años sobrevive en lo que
ahora se da en llamar economía informal. Transporte, bancos,
trabajadores y obreros petroleros, siderúrgicos, y empleados
públicos no se suman a la paralización encabezada por los dos grupos
económicos más grandes: la organización Cisneros y las industrias
Polar. Sí se sumaron los principales centros comerciales de Caracas
y las principales ciudades, las franquicias como McDonalds. Los
agresivos empresarios de la Cámara Venezolano Americana y el propio
embajador estadounidense Charles Shapiro se conviertieron en
estrellas mediáticas de las transmisiones televisivas, donde no hubo
espacio para nadie que pueda apoyar siquiera las posiciones de un
gobierno constitucional.
Desde febrero de 2002, la invocación al golpe se convirtió en tema
esencial de la prensa comercial - y hablo de televisión, radio,
diarios-, con la repetición al cansancio de declaraciones de
oficiales militares disidentes para convertirlos en lanzamientos
publicitarios, con magnificación de un paro para presentarlo como
total (grabación de escenas de calle de madrugada). los medios
inventaron una realidad que les gustaba, el consenso para un golpe,
y luego desaparecieron una realidad que nos les gustaba: el
movimiento popular mayoritario que restableció la democracia y al
presidente.
En las mesas de montaje de las productoras cinematográficas se
eligen partes de lo filmado, se las desmenuza, empata en secuencias
significativas hasta que adquieren el sentido que quiere atribuirle
el director de una película. De igual manera, los directores de los
medios operan sobre los fragmentos de la realidad para presentar la
versión que a ellos les conviene.
Del tratamiento de esa realidad adversa dependía para los
propietarios de los medios el dominio del presente y, en
consecuencia, del futuro de Venezuela. Se produjo, efectivamente, el
golpe de Estado que los medios habían incitado desde diciembre,
aunque los medios trataron de convencernos de que se trataba apenas
de un vacío de poder...
En Venezuela, la unidireccionalidad de los medios masivos se ha
convertido no sólo en pensamiento único sino también en imagen
única, lo que de por sí constituye un acto ilegítimo. Los canales de
televisión comercial venezolanos no solo han formalizado un pool,
sino que se han cartelizado al punto de emitir una sola señal, una
sola matriz de opinión que es retransmitida por los siete canales de
Caracas y una veintena del interior del país. Los medios son
totalmente parciales, no informan nada de lo que sucede en el país.
Se han radicalizado hasta el punto de borrar para buena parte de los
consumidores los límites entre la realidad y los reality shows. Hoy
siguen cohesionada, cartelizada y abiertamente buscando la salida
del gobierno constitucional por cualquier vía, y lo acusan de
tirano, asesino, y castrocomunista...como si estuviéramos en la
década de los 60.
Los medios de comunicación tienen como figura retórica favorita la
reiteración, la infinita repetición de un contenido. Algo así como
si una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. Una vez
que se articula la estrategia de culpar al gobierno por las muertes
del día del golpe, causadas por la oposición, el procedimiento se
repite hasta el cansancio. Es una apropiación indebida hasta de
cadáveres ajenos, un verdadero reclutamiento de muertos.. Y cuando
no hay muertos para este propósito, la oposición y los medios los
inventan. Así no más. Fracasado el saboteo petrolero, el 10 de enero
el ex gerente de Pdvsa Juan Fernández anuncia por cadena de
televisión y radio la muerte del trabajador Alirio Carrasquero, lo
que, según él, demostraba que Pdvsa era manejada por gente que no
estaba preparada. Como es habitual en Venezuela, los medios repiten
el mensaje sin verificar nada. Pero la culpa la tuvo el propio
Carrasquero que no se enteró de la noticia y se le dio por aparecer
junto al presidente Chávez, el domingo siguiente, en el programa Aló
Presidente. Ya ni en la paz de los sepulcros se puede creer.
CUATRO
Hoy, el nivel de los medios de comunicación social es cada vez más
vulgar, más mediocre, en un mundo donde -paradójicamente- el nivel
educacional va subiendo. Y he allí uno de los problemas de quienes
nos oponemos a esta globalización neoliberal: no parecemos estar
capacitados para ofrecer un discurso idóneo, dirigido a las masas.
Cada vez hay más grupos de personas insatisfechas con el mensaje
reduccionista de los medios, personas que exigen conocer la verdad,
que saben distinguir la verdad de la mentira.
Lo cierto es que no se ha asumido que el discurso comercial es
también un discurso ideológico, agresivo, limitante de nuestra
libertad de ciudadano. Sin duda, aquellos que están dentro de la
concepción de comunicación alternativa no hacen bien sus tareas, no
se comunican bien. Para superar estas deficiencias sería preciso
emprender una profunda revisión de los conceptos y de la teoría que
hasta ahora han orientado la profesión del periodista y del
comunicador social. Al mismo tiempo, habría que actualizar nuestro
conocimiento y nuestro dominio de las técnicas que exigen los nuevos
multimedias. Pero sobre todo, para cambiar el mundo, hay que innovar
en muchos aspecto de esta profesión, comenzando por nuestra propia
percepción de la misma.
Lo grave es tener la verdad y compartirla apenas con uno mismo, por
no saber comunicar. Lo grave es ser arrogante, creyéndose dueño de
la verdad, no haciendo lo posible para comunicársela a los demás, lo
que, además, es una falta de respeto a la ciudadanía. Lo que no se
ha asumido es que la información está contaminada por una serie de
mentiras, medias verdades, que se pueden demostrar factualmente.
Por eso, es necesario oponerse al discurso ideológico que se impone
al unísono a través de los medios de comunicación, la cultura de
masas y la publicidad, al envase que se le quiere dar a ese
discurso, disfrazándolo de realidad, de hechos naturales.
CINCO
Decíamos poco antes que el tema de los medios tiene relación directa
con la construcción de ciudadanía, con la democracia. Sin dudas,
otro mundo es posible solamente si podemos enfrentar esta arremetida
de los poderes económicos desde los Estados y desde la democracia
participativa. Hasta ahora, los sectores progresistas habían optado
por el trabajo comunitario, por los pequeños medios alternativos.
Habían encontrado sus pequeños nichos. (Quizá, nunca mejor dicho.
Allí habrían de morir). Y es más, habían logrado que distintas ONGs
del mundo desarrollado los apoyaran. Claro, siempre que no salieran
de sus nichos.
Como dice Jean Baudrillard, la realidad fue asesinada. Hoy, en los
grandes medios de comunicación, los sectores que luchan por los
cambios no tienen espacio. Paradójicamente, luchar hoy por el
pluralismo es garantizar un espacio donde no lo hay. Nadie duda de
la necesidad de impulsar radios, periódicos, televisoras
comunitarias, espacios realmente horizontales de información y
formación, constructoras de ciudadanía.
Pero durante todos estos años, quienes peleamos del lado popular,
perdimos la batalla de las ideas. La perdimos conceptualmente y la
perdimos (por goleada) en el campo de batalla. Para esta batalla de
las ideas se deben usar todas las armas, aprender a usar mejor que
ellos las armas del adversario.
Es hora de pensar en grande, dejar de ser enanos por decisión
propia; conquistar el espacio masivo, sumando experiencias
comunicacionales locales, democratizando el capital para poder
competir no solo en sino con medios masivos: diarios, radios y
televisoras. Pensar en canales de televisión por suscripción o con
capital democratizado. Para que no quede la información en poder de
los pocos que tienen mucho, para ponerla en manos de los muchos que
tienen poco.
Podemos hablar de cambios en la técnica periodística: cuestionar el
molde aislado, individualista del periodista, reconstruir un modelo
de elaboración de la información en base a la relación
participativa. Pero no se trata sólo de las herramientas, sino de
retomar la palabra, que durante más de tres décadas fue dejada en
manos de dictadores, políticos corruptos y los eternos "expertos"
que convalidaron el saqueo de nuestras naciones y nos explicaron que
con la globalización todo va a andar mejor.
Pero permítanme una pregunta: ¿cómo se explica que este gobierno que
hace cuatro años llegó a Miraflores carece aún de una política
comunicacional, de medios masivos de comunicación? ¿Se puede tomar
el poder sin medios masivos de comunicación, sin posibilidad de
informar al pueblo de lo que realmente pasa en el país?
SEIS
Estamos cada vez más convencidos que no hay ninguna forma de cambiar
la realidad si no comenzamos a verla como es, porque para poder
transformarla hay que comenzar por asumirla. Ese es el problema
mayor que tenemos los latinoamericanos, estamos ciegos de nosotros
mismos, porque estamos entrenados para vernos con ojos de otros.
Hace más de 500 años que nos vemos con ojos de otros.
Por eso este llamado a los académicos, a los intelectuales: es hora
de retomar la palabra, es hora de despertar. Desde hace décadas se
replegaron en cargos burocráticos, se refugiaron en parcelas de
investigación, en sus clases -incluso en el alcohol-, y dejaron la
cosa pública en manos (y sobre todo) en boca de políticos y
"expertos", que impusieron su potencial de ser los únicos
profesionales de la palabra con derecho a dar visiones y versiones
de la realidad.
La democracia comunicacional se basa el control público, nuevos
canales de información masivos con nuevos tipos de capitalización,
nuevas técnicas de información, nuevos escenarios, nuevos
interlocutores. Hay que dejar de sentirse enano, sumar para existir,
para que eso de que otro mundo es posible pueda comenzar a ser
realidad y no solo otro eslogan.
SIETE
La mera discusión de una Ley de Responsabilidad de los Medios es, a
todas luces, un asunto extremadamente polémico. Las metas
principales son las de garantizar la democratización de los medios
de comunicación social y la posibilidad de mayores niveles de
participación y regulación social de los mismos por parte del
conjunto de la sociedad y, solo cuando sea indispensable, por parte
del Estado. Es imprescindible que los gobiernos, los Estados, dicten
las normas de juego en función de que una información equilibrada es
un derecho inalienable de los usuarios o ciudadanos. Y en eso todos
estamos de acuerdo, en Venezuela y en el mundo. El Estado tiene el
deber de crear los instrumentos, las reglas, y para ello debe
satisfacer las necesidades de toda la comunidad: usuarios,
trabajadores de la comunicación, académicos, dueños y concesionarios
de los medios de comunicación.
En todo el mundo, y como se ha demostrado recientemente en
Venezuela, el poder de los medios privados monopólicos representa
una severa amenaza a la posibilidad misma de una sociedad
democrática, que no puede permanecer pasiva mientras unos grandes
grupos económicos se apropian en forma oligopólica de la capacidad
de producción de información y opinión, de la creación misma de los
hechos de "la realidad" a partir de la cual se realiza el debate
público y la conformación de las opiniones de los ciudadanos.
Es tan perniciosa para la democracia el monopolio estatal de los
medios o la censura, como la homogeneidad de unos medios privados
oligopólicos que niegan radicalmente la posibilidad misma de la
existencia de una esfera pública plural, basada en informaciones
confiables, imparciales y balanceadas, donde el espectro de las
opiniones presentes en la sociedad tengan posibilidad real de
expresión.
Esta exigencia de democratización de los medios constituye la razón
principal por la cual es indispensable la existencia de normas,
leyes y regulaciones públicas de los medios de comunicación y
entretenimiento, y es precisamente por ello que el tema, cuando se
coloca en el debate público, se convierte en un asunto
extremadamente polémico. Para los dueños o concesionarios de los
medios, lo que está en juego es precisamente el inmenso poder que
han concentrado en sus manos, poder que están dispuestos a utilizar
a fondo en la defensa de sus privilegios.
Hoy, avanzar en la dirección del control y la regulación social, así
como en la democratización de los medios, de la ampliación de la
gama de productores y emisores, de la ampliación de la gama de
opiniones e interpretaciones que se presenten a través de los medios
significa enfrentar un extraordinario poder, que tiene la capacidad
de asustar a la población con los demonios de la censura y de la
autoritarismo estatal como amenazas a la libertad.
El ejemplo más conocido en Venezuela de este extraordinario poder de
los medios y de la capacidad de imponer su agenda sobre el resto de
la sociedad es la experiencia de la llamada Enmienda constitucional
del presidente Rafael Caldera (siendo senador vitalicio), proyecto
que fue derrotado, a pesar de contar con un alto consenso político
nacional por la tímida pretensión de garantizar el derecho a
réplica.
Entrar en una pelea por la regulación social y la democratización de
los medios significa una etapa más de la lucha por el debate de las
ideas, donde los defensores de sus privilegios estarán dispuestos a
utilizar todas las (poderosas) armas a su disposición para tratar de
imponer “una sola voz”. Para enfrentar esa poderosa estructura
financiera, ideológica y mediática es indispensable definir
criterios claros y objetivos precisos y jerarquizados que orienten
los procesos de lucha sin desviaciones inmediatistas.
Es probablemente poco lo que se logrará avanzar en la
democratización si la Ley de Responsabilidad está sobredeterminada
por la confrontación entre medios y gobierno en la coyuntura actual,
de manera que se priorizan los objetivos del control y la sanción,
sobre los objetivos de la democratización, dejando a un lado el
verdadero debate que es quien diseña y produce los contenidos.
Los misiles teledirigidos de la batalla mediática son los programas
que el proyectado Instituto de Radio y Televisión pueda diseñar y
producir con los productores independientes, ya que poco se logra
con regular y sancionar. El usuario, el televidente, el radioescucha
sólo espera una programación distinta, atractiva, que esté en
armonía con su cultura, tradiciones, idiosincrasia y entorno. Todo
lo demás queda relegado a un plano menor.
La lucha por la democratización y la participación y regulación
social de los medios es una pelea de fondo y nadie puede quedar
conforme si no logra avanzar en este sentido o si termina siendo
caracterizada por la población venezolana y la opinión internacional
como una ley estatista que pone en severo peligro la libertad de
expresión, y por ende, la democracia.
Señoras, señores: el tren de la historia está parado delante de
Venezuela. Pero en lugar de abordarlo, parece que hay quienes están
más interesados en quitarle los asientos y dañarle el motor. Es
tarea de todos echarlo a andar.
Muchas gracias.
Nota: Más allá de la Constitución de 1999, quienes ejercen el
periodismo en Venezuela se han comprometido a hacer cumplir un
Código de ética, que en su artículo 6 establece que "el periodismo
se debe fundamentalmente al pueblo, el cual tiene derecho de recibir
información veraz, oportuna e integral a través de los medios de
comunicación social". Es más, el artículo 14 señala que "el
periodista propiciará y estimulará el acceso a los medios de
comunicación social de opiniones de los más diversos sectores, sin
discriminación alguna de sexo, religión, clase social o
ideologías"... Estos artículos parece que no han sido leídos,
siquiera, por los dirigentes del Colegio Nacional de Periodistas o
del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa, alineados
militante y lamentablemente en la oposición.
* PERIODISTA URUGUAYO, EX PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA
EXTRANJERA EN VENEZUELA, PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN LATINOAMERICANA
PARA LA COMUNICACIÓN SOCIAL, DIRECTOR DEL MENSUARIO QUESTION/LE
MONDE DIPLOMATIQUE
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