|
OBSERVATORIO GLOBAL DE MEDIOS
INFORMACIÓN + OPINIÓN : MEZCLA
EXPLOSIVA
Los
diarios de Caracas que dejaron de salir durante los dos primeros
días del paro cívico convocado por Fedecámaras, la CTV y la
Coordinadora Democrática, en una decisión política solidaria con las
fuerzas antigubernamentales, reaparecieron el día 4 de diciembre de
2002 con algunos cambios importantes.
El
Nacional, por ejemplo, comenzó a circular como “Edición
Especial”, reducido a dos cuerpos de 12 páginas cada uno, sin
publicidad y con cambios sustanciales en la primera página e,
incluso, en páginas interiores. La primera página modificó su
diagramación (un titular principal acompañado de una foto a todo
color, ambos de grandes dimensiones y desplagados a 8 o a 6
columnas, y muchos titulares más con textos breves que remiten a
páginas interiores) y radicalizó el tono opositor con titulares
agresivos, cargados de un lenguaje virulento (“Chávez ordenó
represión contra el paro activo”, “Continúa el paro activo y aumenta
la represión”) más cercano a la propaganda y a la agitación que a la
mesura propia de la titulación informativa. A esto se suma el hecho
de que una mayoría abrumadora de las informaciones y de las fuentes
enfilaban sus baterías contra el Gobierno y sus aliados.
Este
alineamiento indisimulado a favor del paro se supone que debería ser
percibido sin mayores problemas por muchos de los lectores
habituales del diario. Pero se utilizó también otra manera de
sumarse a los mismos objetivos tal vez más difícil de apreciar por
el receptor y que los editores han convertido –al menos en esta
etapa- en una formula ya sistematizada. Se trata de lo siguiente: la
presencia en páginas tradicionalmente reservadas a la información de
textos de opinión. Como se sabe, la ortodoxa separación de opinión e
información y la doctrina que establece la improcedencia y la
inconveniencia de contaminar el material informativo con elementos
de opinión, ha sido la norma, al menos declarativa, de nuestros
medios impresos. El Nacional, en particular, había respetado
al menos esa separación en páginas diferentes.
Lo
que nos interesa ahora destacar es que, desde el comienzo del paro,
El Nacional comienza a incorporar textos de opinión en
páginas con material informativo. En casi todos los casos, los
textos de opinión tratan los mismos temas que los informativos. Es
decir, que no resulta azarosa la mezcla. Por ejemplo, el día 6 de
diciembre, en la página B-3, en la que se informa sobre la crisis
desatada por la extensión del paro al ámbito petrolero (los
titulares de esa página son: “Repercusión global”, “Interrumpidas
las exportaciones de petróleo” y “Huelga en Venezuela dispara los
precios del crudo”), se inserta un texto de opinión (“La única vía”)
del experto petrolero Alberto Quirós Corradi, columnista fijo del
diario, en el que comienza hablando precisamente de “la
militarización de Pdvsa”. No es casual tampoco que las tres primeras
páginas del cuerpo B de ese mismo día estén dedicadas totalmente al
tema petrolero y que los dos titulares más destacados sean
“Militarizada Pdvsa” (pág. B-1) y “En peligro de militarización los
buques petroleros” (pág. B-2). Es decir, que el texto de Quirós
Corradi funciona, en ese contexto, como el cierre, como el colofón
necesario del tema central. Este procedimiento que, en principio,
habría que celebrarlo como un auspicioso intento renovador,
desvirtúa sus bondades cuando el lector se percata que no está
siendo utilizado de buena fe sino con una preversa voluntad
manipuladora.
Si,
por ejemplo, la parte informativa de la página contiene elementos
que –aunque se presenten en forma sesgada- favorecen al Gobierno y
sus adherentes, se incorpora un texto de opinión que interpreta
torcidamente el hecho con la intención de neutralizar, minimizar o
anular el efecto que esa información pueda producir en el lector. Es
el caso del día 7 de diciembre, en la página A-8, en la cual se
informa (“Diputados oficialistas manifestaron disposición a abrir la
ruta electoral”, “Carta Democrática no va”) que un sector afecto al
Gobierno plantea una salida electoral. Como esta iniciativa,
planteada formalmente a César Gaviria por varios parlamentarios y
por Jorge Valero, embajador de Venezuela ante la OEA, pudiera
representar un punto positivo para el oficialismo, que ha sido
tildado de renuente a todo acuerdo electoral, se inserta un artículo
de opinión de uno de los más incisivos colaboradores del diario,
Armando Durán, titulado “De nuevo a la mesa”, del cual espigamos
tres párrafos que no requieren comentarios:
“La
noticia corrió a últimas horas de la noche. El Gobierno volvía al
redil de César Gaviria, a pesar de que el presidente Chávez, en los
68 minutos de su fastidiosa y arrogante declaración de guerra contra
la oposición, no mencionó una sola vez la palabra ‘elecciones’ (...)
En pocas palabras, que los efectos concretos del paro por una parte
y la firmeza de Gaviria por el otro, obligaban a Chávez a tomar una
decisión final: o se sometía al juicio electoral de los venezolanos
el próximo 2 de febrero, o tendría que hacer realidad sus
bravuconadas cuartelarias y convertirse en dictador, de la noche a
la mañana, y con todas sus implicaciones. (...) Descartado este
último e ingenuo esfuerzo de Chávez por escapar de un trance
ineludible, a sus empecinados delegados en la Mesa de Negociación y
Acuerdos, en este instante crucial, sólo les queda el amargo remedio
de sumarse a la ruta democrática. Es decir, asumir el referendum
consultivo, aunque sea a regañadientes, y aunque sólo sea para
evitarle a Chávez el escarnio de una derrota total”.
En sentido
contrario, pero siempre con la intención de sumar puntos a favor, se
insertan materiales de opinión como elementos reforzativos de un
texto informativo, de una entrevista o de un reportaje. Tomemos como
caso típico el de la entrevista al influyente intelectual Ernesto
Mayz Vallenilla (“Mayz Vallenilla: Perdimos la capacidad de soñar el
futuro”, 15-12-02, pág. B-12), en la cual el filósofo expresa que
Chávez ha sufrido una metamorfosis: “Entre lo que ofreció siendo
candidato y lo que es ahora, un dictadorzuelo latinoamericano, hay
mucha diferencia”, dijo en una parte de la entrevista. Pues bien, en
la misma página, en la columna de la derecha, aparece un artículo
lleno de sutilezas de Antonio López Ortega en el que se expresa
exactamente la misma idea con otras palabras. A partir de unos
versos de “Preámbulo”, un poema de Juan Sánchez Peláez, se hace la
siguiente interrogación retórica:
“¿Contendrá esta imagen poética la acertada intuición de señalarnos
el abismo entre teoría y práctica, entre leyes y aplicaciones, entre
buenos deseos y hechos reales?” Y más adelante, más directo todavía,
agrega: “La escena pública que nos arropa hasta la asfixia no se
diferencia para nada de lo que hemos tenido en el pasado: una
retórica hueca, aérea, incapaz de concretar nada, más soñadora que
real”. ¿No sería lógico sospechar que el articulista conocía el
texto de la entrevista y elaboró el suyo como un reforzativo de los
aspectos más políticos expresados por el filósofo?
Caracas, 27 de
diciembre de 2002.-ç
|