OBSERVATORIO GLOBAL DE MEDIOS
 

ANÁLISIS

Los medios perdieron el piloto

La publicación de la entrevista al supuesto piloto Moisés Roberto Boyer Riobueno, por el diario colombiano El Espectador, titulada “Yo llevé a Raúl Reyes a Venezuela”, y su posterior reproducción en agencias de noticias internacionales y diarios venezolanos, puso una vez más de manifiesto la fragilidad (o ausencia) de la investigación y verificación de fuentes en los medios de comunicación, así como la excesiva credibilidad en la información proveniente de fuentes globales, sobre todo en momentos de marcada intensidad de la diatriba política.
El domingo 10 de agosto de 2003, el diario colombiano propiedad de la poderosa familia Santodomingo, dio a conocer las palabras del supuesto piloto, en las cuales asegura haber trasladado al comandante de las FARC, Raúl Reyes, a territorio venezolano, por instrucciones del vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel.
Tras la publicación en El Espectador, las agencias de noticias y los mayores diarios venezolanos, El Universal y El Nacional, repitieron con titulares de primera página las declaraciones de Boyer, quien también fue entrevistado, con gran despliegue, por el canal Globovisión.
Tan pronto la entrevista fue divulgada afloraron sus inconsistencias, cuya gravedad llevó a El Espectador a admitir que el declarante mintió y que “es justa la enfática negativa del gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, de que se trata de un montaje urdido por el propio personaje y que sus declaraciones no corresponden a la verdad”.
El semanario dijo: “El Espectador fue engañado por Moisés Roberto Boyer Riobueno, pero también se equivocó al otorgarle plena credibilidad a su versión sin confirmar totalmente sus apreciaciones ni consultar a la contraparte”.
Posteriormente, un comunicado de la vicepresidencia de la República Bolivariana de Venezuela apunta que El Espectador dijo que las fuentes que le confirmaron la supuesta veracidad de lo dicho por Boyer fueron el Ejercito colombiano y personeros de los organismos de seguridad de Venezuela.
“En lo sucesivo, en casos especiales como este, se adoptarán medidas excepcionales, además de las que son regulares en el trabajo periodístico, para que este tipo de errores no vuelvan a repetirse, particularmente en casos tan sensibles”, añadió el comunicado de El Espectador.
El reconocimiento de El Espectador de que se cometió no fue emulado por los medios venezolanos, los cuales se limitaron a publicar la aceptación de la pifia por parte del semanario bogotano. Es decir, se negaron a aceptar que ellos también transcribieron la información sin constatar la veracidad de las fuentes (El Espectador y Boyer), lo cual es de mayor gravedad porque Boyer es venezolano y había dado declaraciones a otro medio local que estaban en entredicho.
Pero ya el mantel está manchado. Bien podría especularse -y con fundamento-, sobre la injerencia de actitudes políticas previamente asumidas, las cuales son determinantes en la escogencia y valoración del hecho noticiable. Es posible que se hayan conjugado los intereses de EE UU y el Plan Colombia, sectores de gran influencia tanto en Venezuela como en el vecino país poco interesados en la presencia de Chávez en el poder, además de los concernientes al narcotráfico y la guerrilla.
Hace ya 25 años Maxwell McCombs y Donald Shaw publicaron el artículo «The Agenda-Setting Functions of the Mass Media», en Public Opinion Quarterly, en el que abordaban la influencia de la agenda de los medios noticiosos sobre la agenda pública. Postulaban que los medios de comunicación -al dar o restar importancia a un tema, al cubrir más o menos extensamente una noticia- transmitían la relevancia y la jerarquización de los problemas que se perciben como importantes.
“El «segundo nivel de la agenda-setting» se refiere a que cuando los medios de comunicación describen un acontecimiento, dan más importancia a ciertos atributos que a otros, o mencionan algunos con más o menos frecuencia. Las implicancias de este segundo nivel se revelan en la posibilidad de que los medios no sólo determinen sobre qué pensar, sino también qué y cómo pensar sobre algo”, explica la periodista chilena Paulina Leyva Muñoz, en su entrevista con los autores publicada en saladeprensa.org.
Tras mencionar los posibles intereses, cuyos propósitos bien pudieron haber sido “dejar correr la bola” para colocar en la opinión pública la duda sobre la naturaleza de la relación del gobierno venezolano con la guerrilla, queda pendiente la reflexión sobre la ética en el ejercicio del periodismo, la constatación de la información en un mundo global, la relación del periodista con la fuente y el medio donde labora, y la posibilidad que brindan los medios para investigar y verificar la información.
Un rasgo distintivo de un medio de comunicación es el uso de diversidad de fuentes. Su escasez denota poca indagatoria que deriva en problemas de credibilidad. Tales premisas presionan a la cualidad de todo periodista de saber dónde y cómo conseguir la información con la mayor rapidez y al menor costo posible. Al respecto, Gabriel García Márquez plantea que “los periodistas deberían estar preparados para dominar las nuevas técnicas y, sin embargo, salen llevados a rastras por ellas, sin los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu en el pasado y sin tiempo ni ánimos para pensar y seguir aprendiendo el oficio" .
Tal prerrogativa conduce a reflexionar, una vez más, sobre el ejercicio del periodista de cara a las presiones causadas por intereses mercantiles, en medio de la premura impuesta por la venta rápida de la información.
La postura de tratar con honestidad el hecho noticiable es un imperativo ético, que en el mundo global exige la disponibilidad de herramientas que permitan verificar la información, pero ¿cómo responder a la necesidad de informar sin los instrumentos necesarios para verificar el hecho informativo?
Para Alma Delia Fuentes, editora de Univisión, “algunos medios no han tomado medidas que enfrenten estos retos, en donde ahora los receptores son más exigentes y demandantes, lo que obliga a una reinvención del periodismo, que ya no puede limitarse a la mera descripción o consignación de los hechos. La competencia ya no esta en las noticias, la competencia esta en la forma de contar las historias”.
Sin duda que tal apreciación contribuye a despejar la interrogante, pero aún así continúa pendiente el atributo de actualidad propio de la noticia, que influido por “el tubazo” asociado a la uso mercantil de la información se impone en las salas de redacción. La respuesta podría estar, quizás, en la deteriorada credibilidad propinada por la falta de veracidad de la información dada al público.
El caso Boyer es apenas otro más que se suma a la lista de informaciones provenientes de fuentes carentes de atributos, que aun inciden en la opinión pública por la credibilidad del medio adquirida en el pasado, siendo éste un aspecto que también le limita su visión para adecuar las políticas informativas a la exigencia de un público que ahora busca formas alternativas de informarse sobre su realidad.
Ante tal escenario, el ejercicio honesto de la profesión impulsará al periodista a buscar instrumentos locales y globales para indagar y verificar los hechos, y en su búsqueda presionará a los dueños de medios a invertir en nuevas tecnologías y en capacitación, o de lo contrario verán como los números rojos predominarán en sus negocios

 

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