OBSERVATORIO GLOBAL DE MEDIOS
 

EL UNIVERSAL Y EL PARO PETROLERO:
UN EJEMPLO PARADIGMATICO DE INFORMACION DIRIGIDA

“ No hay verdad sino en toda la verdad.
Cada parte de la verdad, aislada, es mentira”
Romain Rolland

El principio de responsabilidad social que se otorga a los medios y a los periodistas, y que ellos a su vez se atribuyen, implica que en el trabajo periodístico debe procederse con conocimiento y plena conciencia en cuanto a las consecuencias que la información pueda provocar en la opinión pública. sobre todo en situaciones de conflictividad o de peligro,

Los editores venezolanos, tal vez más que los periodistas, saben del poder de manipulación de los medios. Estos, en alguna medida, siempre han usado ese poder de acuerdo a sus compromisos ideológicos y a sus nexos con los grupos de presión. Pero ese sesgo se expresaba en las posiciones editoriales y en la jerarquización de las noticias. Respetaban, en una medida considerable, el cumplimiento de su deber de informar.

Pero, a partir de los enfrentamientos políticos en la actual situación nacional, ese deber fue suplantado por una abierta manipulación de las informaciones, sobre todo mediante el uso de la información dirigida. En varias investigaciones realizadas por El Observatorio de Medios se confirma esa suposición.

Los teóricos de la comunicación social definen la Información Dirigida como una especie de propaganda subrepticia, una especie de propaganda negra. Sus mensajes están destinados a persuadir al receptor, a provocar determinado tipo de comportamientos, a inducir conductas, actitudes, respuestas concretas sin que el mensaje revele sus propósitos. Para evitar reacciones morales o causar irritación, es indispensable que el público esté desprevenido y confiado. Asimismo, se recurre a un bombardeo sistemático y persistente con informaciones aparentemente respaldadas por fuentes fidedignas. Y es en ese punto donde se produce la primera manipulación: de la escogencia de las fuentes informativas dependerá la manipulación.

La técnica de la Información Dirigida es simple y la conocen todos los periodistas con experiencia profesional en los medios: se vetan las fuentes contrarias a la posición del medio o, para guardar las apariencias, se consulta una o dos personas de posiciones contraria, cuyas opiniones e informaciones son minimizadas. La información y, sobre todo, la titulación, estarán siempre orientadas a destacar la posición del medio.
Se distinguen esencialmente tres tipos de procedimientos: la promoción de noticias, mediante el mecanismo de la información sonda o “globos de ensayo”; la omisión de informaciones, bien sea total o parcial; y la distorsión de informaciones por medio de la minimización o la magnificación, de la retención o por el agregado de elementos arbitrarios que deforman el sentido exacto del mensaje.

Durante el paro del mes de diciembre de 2002, la frecuencia e intensidad del uso de la Información Dirigida por parte de los medios venezolanos, con excepción de dos diarios - Ultimas Noticias y Panorama - variaba según las circunstancias políticas que se vivían. Por ejemplo, en el mes de abril del año 2002 esas técnicas se exacerbaron a tales extremos que simplemente se transformaron en técnicas propagandísticas. En el caso de los medios televisivos, el proceso de control fue aún más grave, al formar esos medios una permanente cadena informativa. En los meses siguientes, la intensidad del uso de la Información Dirigida disminuyó, aunque los medios nunca dejaron por completo de recurrir a ese tipo de manipulación.

Al decretar la Coordinadora Democrática el paro el 2 de diciembre de 2002, la técnica de la Inormación Dirigida volvió a los espacios informativos con inusitada virulencia. Su uso se acentuó sobre todo en el momento de comenzar el paro petrolero. Hay tal cúmulo de extrañas coincidencias periodísticas que no es descabellado suponer la existencia de un plan informativo estructurado incluso con antelación a los hechos, ciertos o supuestos, que se sucitaron después de las acciones del gobierno para recuperar a Pdvsa.

El anuncio anticipado por parte de los ex ejecutivos de la empresa petrolera sobre los peligros que implicaba la posibidad de que personas inexpertas llegaran a manipular las instalaciones de las refinerías, de los equipos informáticos, de los pozos petroleros e inclusos del transporte de la gasolina, fue divulgado con insistencia por los personeros del paro petrolero y reproducido y magnificado por los medios masivos.

Poco después sobrevino el tema de los buques cargueros, la supuesta o cierta presencia de personal extranjero o completamente inexperto en el manejo de esos buques y el tema de la contaminación ambiental. En otros análisis del Observatorio se analizan esas técnicas de manipulación. ( Ver : Caso Paro Petrolero: ¿Cómo se informó en las primeras páginas?)

Muchas de estos textos constituyen el más evidente caso de la distorsion informativa. Se da como hecho verídico la opinión que proporciona una fuente sobre un caso hipotético que podría suceder en un futuro indeterminado. Especialmente intensa fue la campaña relacionada con la contaminación del Lago de Maracaibo.

En el siguiente trabajo se analiza un caso paradigmático de manipulación infomativa sobre el problema petrolero, donde incluso se prescinde por completo de cualquier referencia a las fuentes. Es lo que en el argot reporteril suele denominarse “montar la olla”. En esta oportunidad con abierta utilización de las técnicas de Información Dirigida.


DIARIO: El Universal
• FECHA: domingo 29 de diciembre de 2002
• ANTE-TÍTULO (primera plana):
“CONFLICTIVIDAD (en vino tinto) / “Por suerte no se han registrado pérdidas humanas en PDVSA”
• TÍTULO (primera plana a 8 columnas):
“20 errores en 26 días”
• LLAMADA (primera plana):
“A lo largo del paro se han dado 13 accidentes con costos difíciles de calcular en la industria petrolera. Sólo los dos sistemas de bombas quemados en el buque Pilín León suman 7 millones de dólares” (1-14)
• SUMARIO (primera plana): LOS MAS SONADOS (sic)
“►Se quemó una de las bombas del patio de tanques de El Silvestre, en Barinas, que sirve para surtir a El Palito, por intentar hacerla arrancar sin crudo ► Se desconectó una válvula del oleoducto Barinas-El Palito que produjo un derrame a 15 kilómetros de Morón ► Intentando bombear crudo desde Punta de Mata a Puerto La Cruz se quemaron las bombas de agua en el patio de tanques de El Tejero, Monagas, lo que dejó sin luz a varias localidades ► Se registró el enganche del ancla del Marshall Chuykov con las tuberías del Lago de Maracaibo al intentar atracar el buque ► Al intentar tomar la refinería de Puerto La Cruz se lanzaron fuegos artificiales hacia las instalaciones”
El titular refiere a la información detallada en la página 1-14, que es la contraportada del primero de dos cuerpos que constituyen la edición analizada. En dicha página aparecen:
o El reportaje al que se refiere el titular (4 col x 25 cms) más tres fotos a color, una de ellas de un accidente vial de un camión cisterna.
o Un reportaje sobre el ingreso petrolero del país (4 col x 20 cms) más un gráfico de línea de 3 col x 8 cms.
o Cuatro reportajes de 1 col x 22 cms (promedio) sobre temas afines al entorno petrolero venezolano.

ANÁLISIS DE LA PRIMERA PLANA
El titular en su integralidad contiene una curiosa y malintencionada correlación forzada en las tres primeras partes, que evidentemente apuntan, en nuestra opinión, a crear en el lector la noción de “tragedia inminente”. En efecto, el antetítulo menciona “pérdidas humanas”; el título, “errores”, y la llamada “accidentes”, con énfasis esta última en “costos”. Llama la atención que se destacan los “errores” muy por encima de las “pérdidas humanas”.
En una industria tan enormemente compleja como la petrolera ocurren cientos de “errores” todos los días, seguramente más de los 20 en 26 días a los que alude el titular. Luego, eso de los 20/26 resulta una acotación en el aire porque sin referencia alguna no puede el lector deducir si eso es mucho, poco, un record, lo normal o despreciable (por lo ínfimo).
En el conjunto se funden los términos “errores” y “accidentes” y no se sabe si aquéllos están incluidos (como causas) en éstos. Pareciera, por la forma de destacar los “hechos”, que los “errores” fueron mucho más serios que los “accidentes”.
El lector se queda en la duda de si las “pérdidas humanas” que no se dieron fue en el contexto de los “errores” o de los “accidentes”, o ambos. (Nótese que un “error” puede dar lugar a una catástrofe como presuntamente ocurrió en Tacoa, y un “accidente” puede ser una simple caída de un obrero de una escalera o un andamio).
La llamada afirma que los “costos son difíciles de calcular...” pero inmediatamente sentencia que “los dos sistemas de bombas quemadas en el buque Pilín León suman 7 millones de dólares”. Se pregunta uno cómo siendo tan “difíciles de calcular” se llega a la citada cifra sin calificarla (por las posibles dudas) de estimada, aproximada, presunta.
En el sumario hay varios detalles que al menos indican apresuramiento en la preparación del trabajo. Se dan, con plena certeza, “noticias” de varios sitios en el país y no se indican las fuentes. Se habla de “las tuberías del lago de Maracaibo” (subrayado nuestro) dando a entender un absoluto cuando que el fondo del lago está cruzado por kilómetros y kilómetros de tuberías de diferentes calibres y propósitos, razón por la cual en todo caso habría que señalar que “algunas tuberías fueron enganchadas”. No existe relación entre “bombas de agua en el patio de tanques” y la falta de luz (energía eléctrica) en varias localidades. Tampoco se indica quiénes lanzaron los fuegos artificiales hacia las instalaciones. Partiendo del hecho de que un sector de Pdvsa está saboteando las instalaciones de la corporación habría que concluir, por lógica, que los autores fueron del sector saboteador; sin embargo, no se aclara nada y queda la confusión. En todo caso, uno supondría que no sería deseable para quienes estaban tratando de recuperar la refinería provocar un desastre con los fuegos artificiales (¿luces de bengalas o Bin Ladens...?).

ANÁLISIS DEL REPORTAJE PRINCIPAL
• ANTE-TÍTULO:
“CONFLICTIVIDAD (en vino tinto) // Han ocurrido accidentes en todas las áreas”
• TÍTULO:
“PDVSA ha registrado errores en 74% de los días de paro”
• SUMARIO:
“Al cumplirse 26 días de paralización de actividades en todo el país y, puntualmente en la industria petrolera, se han hecho evidentes 20 errores en las operaciones dentro del holding. El Presidente de Petróleos de Venezuela admite que la empresa marcha a ritmo disminuido lo que preocupa a firmas internacionales, agencias calificadoras y bancas de inversión.”
El texto del sumario se refiere también a dos de los cuatro reportajes cortos que aparecen en la misma página 1-14.
Evidentemente, dado el estado de cosas en el país en el momento del reportaje, los titulares (primera plana y 1-14) tratan de influir en el conocimiento y opinión del lector para convencerlo de que por las acciones del gobierno en el conflicto con Pdvsa se han registrado un número de errores operacionales “que pudieron haber generado consecuencias nefastas para las poblaciones cercanas a las instalaciones de Pdvsa” (los incidentes) pero que “afortunadamente no generaron ninguna consecuencia material y humana” (los accidentes). (Sencillo de comprender, ¿no?).
La reportera hace una curiosa operación entre accidentes (13, según ella) e incidentes, que sumados dan 20 “errores”, de lo cual pudiera deducirse que los incidentes fueron 7 (lo cual efectivamente se afirma más adelante en el reportaje). (Consultado el Diccionario de uso del español actual –CLAVE el vocablo “incidente” pareciera implicar unas consecuencias directas para que un evento pueda calificarse de tal. En los párrafos dedicados a los “incidentes” se ve que la reportera se refiere a sucesos o eventos, cada uno de los cuales “pudo convertirse en accidente”. Como no tuvieron consecuencias directas, en nuestra opinión los tales hechos no pasaron de eso, simples hechos, no “incidentes”).
Más en detalle, vuelve la reportera a insistir en lo difícil que es calcular las pérdidas por los 13 accidentes, pero afirma que los dos sistemas de bombas quemados en el Pilín León significarían pérdidas por 7 millones de dólares. ¿Quién proporcionó esta cifra? ¿Por qué resultó fácil calcularla?
Compara la reportera el citado monto con lo que había perdido hasta ese momento Pdvsa (1.300 millones de dólares) a consecuencia de la paralización de sus actividades, pero tampoco cita la fuente de tan precisa información.
Entra, entonces, el reportaje en un párrafo verdaderamente incomprensible, un galimatías perfecto, que invita al lector a un esotérico ejercicio de estimación virtual de daños. Merece la pena transcribir el párrafo en cuestión:
“No obstante, el punto realmente importante al analizar el número de accidentes registrados traspasa las barreras económicas y se interna en las consecuencias fatales, tanto humanas como ambientales, que estos errores pudieron haber generado o generaron”.
Seguidamente el reportaje entra en los detalles de los eventos señalados en el titular con el mote de “Los más sonados”. Nuevamente peca la reportera en no citar fuentes o personas responsables por la información que publica con tanta seguridad. En otras palabras, así como escribió lo que escribió podría haber escrito cualquier otra cosa y para el lector hubiera sido totalmente transparente. El reportaje hubiera podido titular “50 errores en 26 días de paro” sin diferencia visible desde el punto de vista del lector.
Las fotos que acompañan el reportaje son simplemente ilustrativas y no aportan nada sustancial al contenido.

Consideraciones versus algunos de los principios editoriales de El Universal:
1. Cuando desarrolla el principio de la independencia en su Manual de Estilo se refiere a “la defensa y preservación de los intereses de sus lectores...”. Interpretamos esto como una forma de referirse al equilibrio en el tratamiento de los contenidos puesto que difícilmente se da el caso de que todos los lectores coinciden en sus intereses. En consecuencia, el titular analizado falta a este principio de independencia que El Universal postula por cuanto todo lo que se dice en el titular se orienta solamente a los “intereses” de un sector de sus lectores (los interesados en los aspectos negativos y catastróficos del conflicto), dejando por fuera al sector que está más bien interesado en los logros y avances que se estén alcanzando para superarlo.
2. El Universal, en su Manual de Estilo, reivindica el principio de la imparcialidad y lo define como “el estricto apego a la búsqueda de la verdad como objetivo fundamental de la labor periodística y obviará todo tipo de información sesgada por prejuicios u opiniones de carácter personal o de otra naturaleza, bien sea a favor o en contra de personas o instituciones”. La información plasmada en el titular analizado difícilmente puede considerarse “la verdad “ por cuanto no hay referencias a las fuentes que así lo pudieran confirmar. Se hacen señalamientos firmes (“se quemó...”, “se desconectó...” etc.), de los cuales el lector pudiera inferir que reporteros del diario estuvieron presentes en cada evento reseñado, lo cual en todo caso es dudoso. Por otra parte, las conclusiones a las cuales llega la reportera acerca de lo que “pudo suceder” apuntan más bien a opiniones “de carácter personal” que según El Universal no tienen cabida en sus páginas cuando de reportajes se trate. Lo mismo se aplica al cuerpo principal del reportaje.
3. El Universal, en su Manual de Estilo, sostiene que su política informativa “hace de la confirmación un principio inconmovible: todas las informaciones, noticias y reportajes que contengan denuncias, implique juicio de valor acerca de personas o instituciones serán confirmadas por un mínimo de dos fuentes. Cada información reflejará el punto de vista de cada una de las partes involucradas, de preferencia en una misma publicación, y nunca servirá como tribuna de apoyo o de ataque a determinados intereses”. Evidentemente nada de esto se respetó en el reportaje analizado. Ninguna de las noticias o aseveraciones aparece respaldada por fuente o persona alguna, y hay que dar por buenas la palabra de la reportera y sus conclusiones e interpretaciones.

Caracas, 6 de enero de 2003.

 

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