OBSERVATORIO GLOBAL DE MEDIOS
 

LA VIOLENCIA Y SU REPRESENTACIÓN

UNA SEGUNDA LECTURA A LAS PRIMERAS PÁGINAS
DE LOS DIARIOS DE CARACAS:
Ultimas Noticias, EL Universal, El Nacional y Diario VEA
Semana del 29 de junio al 6 de julio


“Cuando no se siente, no se sabe más que es la violencia exactamente, toma su lugar el odio -tan visible en la indiferencia predadora de las élites como en la crueldad física de los actos de agresión anómicos.”

Hoy, a propósito de la muerte de tres estudiantes a manos de las fuerzas del orden, queremos reflexionar sobre la violencia y esa suerte de espiral de odio y violencia que parece haberse apoderado de la sociedad venezolana. La violencia entendida “como todo tipo de acción que resulte en daño serio para la vida o sus condiciones materiales …” ha sacudido a la sociedad venezolana y ha encontrado un gran respaldo mediático.

La violencia real, concreta y cercana aparece y se consolida y viene acompañada de comportamientos, actitudes y sentimientos preocupantes: indiferencia, silencio cómplice y “un odio que alimenta la propia violencia y la avala en una especie de relación circular que a su vez nutre la indiferencia y el silencio cómplice de sectores de la sociedad. Silencio e indiferencia que parece romperse con el caso de la muerte de los tres estudiantes de una universidad capitalina.

Aún cuando no existe un criterio universal de la violencia y a pesar de que cada sociedad tiene los suyos propios, la violencia social o humana posee una serie de características que es importante destacar:
La primera de ellas es que la violencia no es inherente a una sociedad, sin embargo, la violencia naturalizada conduce hacia una pérdida de la sensibilidad colectiva en torno a la pasión destructiva en todas sus modalidades. La violencia banalizada se va desvistiendo paulatinamente de su carácter de excepcionalidad, sus límites comienzan a desdibujarse y desparecen de la sociedad los criterios para medir y evaluar el fenómeno en su dimensión real.
En segundo término, en un contexto sociocultural que la legitima, la naturaliza y la banaliza, el hombre entonces es educado, adiestrado y acostumbrado en y para la violencia. En ese sentido, es importante resaltar las declaraciones del Vice Presidente José Vicente Rangel, reseñadas por El Nacional (Viernes 01 de Julio de 2005) y que muy bien resumen esa banalización y naturalización de la violencia que remata en una indiferencia de importantes sectores de la sociedad. Afirma Rangel que “Tiene que desterrarse definitivamente esa práctica policial en Venezuela, la de los gatillos alegres, y esa impunidad que ha venido campeando no ahora, sino desde la Cuarta República”.
Por otra parte, la violencia presenta una relación estrecha con las estructuras de poder y además con la tecnología de poder: los objetos, las armas, los valores, las imágenes, el ritual y los conceptos. Y, por lo demás, en toda sociedad, existen cuerpos represivos encargados de ejercerla. El caso de la muerte de los tres estudiantes en el que se encuentran involucrados funcionarios de la Dirección de Inteligencia Militar-DIM, del Cicpc y de la Policía Municipal de Caracas-Policaracas, ejemplifica perfectamente esta relación estrecha de la violencia con las estructuras de poder Suceso reseñado en los titulares de Ultimas Noticias y Vea, el miércoles 29 y el jueves 30: “Acribillados seis estudiantes”, “Con escopetas dispararon contra estudiantes”, se “comprobó que las victimas nunca accionaron armas”.
El Nacional, el lunes 4 de julio, contextualiza el hecho al destacar en su primera plana “100 atropellos regionales”, información donde da cuenta que “la Defensoría del Pueblo y la organización Provea registraron entre 2003 y 2004 más de un centenar de casos de violación del derecho a la vida por parte de policías regionales. Acusan específicamente a los cuerpos de seguridad de Lara, Anzoátegui, Bolívar, Aragua y a la Policía Metropolitana de Caracas.” En esa misma línea, El Universal en su editorial “La masacre de Kennedy” del lunes 4, denuncia “un exceso en cuanto al cumplimiento de sus funciones, ya que se trata de una manifiesta desproporción entre seis estudiantes desarmados y veintiséis funcionarios encapuchados y con armas de guerra”.
Las declaraciones del Presidente en su programa dominical dan lugar a los principalísimos titulares de El Universal, Vea y Ultimas Noticias en esa misma fecha. “Chávez: Prefiero quedarme sin el Cicpc y sin la DIM a tener asesinos en la calle”… “y continuar con una policía sin humanismo ni conciencia”, reflejan la indignación expresada por el Primer Mandatario a causa de “la masacre de estudiantes de la Universidad Santa María en el sector Kennedy de Macarao, y exigió “Limpiar las policías” con coraje y decisión. Considera que los funcionarios implicados son criminales con carnet que matan a la gente dos veces, porque después convierten al muerto en atracador y en drogadicto”.
Y, finalmente, otra característica de la violencia que interesa destacar es que se encuentra mediada, ya sea por la educación, los propios medios…Y de esa violencia mediada o violencia representada de la que nos ocupamos en esta reflexión.
La violencia representada es aquella discursivamente manejada por los medios de comunicación, aquella que estos medios reproducen y manejan como mercancía. Ante las circunstancias de la muerte de los tres estudiantes el martes 28 en la urbanización Kennedy de Macarao ¿Cuál debe ser el tratamiento informativo sobre la violencia social, política y la criminalidad? ¿Cómo informar responsablemente sobre las diversas formas de violencia y no caer en la tentación de convertir esas informaciones en mero espectáculo o politizarlo? ¿Qué es lo correcto en materia de información sobre la violencia? Sin intención de responder a tales interrogantes, es oportuno incorporar una definición de violencia adecuada a los MCS, aquella que “ocurre por la manipulación y la ocultación de datos fundamentales; igualmente por el uso de términos con la intención de sembrar la duda, desvirtuar…o en razón de una intención de encubrimiento y descalificación del hecho”.
Es pertinente entonces, comentar las informaciones de primera plana del sábado 2 de julio, aparecidas en El Nacional y El Universal . En el primero, este caso, se le denomina en el antetítulo “matanza de estudiantes”, mientras que en el segundo, se le reseña, también en antetítulo, como “masacre”. Representación de la violencia que este diario consolida el lunes 4 de julio en editorial, Nuestra Tribuna, cuyo el título es “La masacre de Kennedy”.
Editorial que resulta interesante comentar por la representación de este caso como “la masacre de los estudiantes” y en general, por la interpretación del suceso en si. Se denuncia la existencia pública y notoria de los grupos de exterminio en Portuguesa, Falcón y Aragua, entre otros. Asimismo se reconoce la posición de “los miembros del oficialismo” en la Asamblea Nacional y el informe sobre la violación de los derechos humanos en el Estado Guárico, donde se sindica a las autoridades regionales. Igualmente se destaca que “las autoridades han condenado los hechos y se han comprometido a castigar a los responsables”. Pero acotan “Hay que esperar”, sembrando así la duda y la incertidumbre en el manejo posterior del caso. Igualmente, este editorial, en la función de “vigilancia del entorno”, destaca una serie de lecciones que, de acuerdo a la línea del medio, se desprenden de la “masacre”:
• “la inseguridad no puede combatirse con tanta intolerancia, porque el hombre de la calle se encuentra en medio del fuego cruzado de delincuentes y funcionarios”.
• No hay una política criminal y no existe una estrecha coordinación, coherente y eficiente entre las policías, la Fiscalía y los tribunales. Quien carga con la falta de planificación, los errores, la corrupción y la violencia, es la sociedad civil.
• Estas muertes revelan un modus operandi de disparar primero y preguntar después, con millares de abatidos en enfrentamientos, de acuerdo con las estadísticas oficiales.
• Se quiere combatir la delincuencia solamente con el uso de la violencia, sin tomar en cuenta la prevención, la participación de las comunidades y los programas de autodefensa.
• Finalmente, destacan que el Gobierno debe aprender a oír el clamor de los ciudadanos, ante la inseguridad en los barrios, la delincuencia masiva, la corrupción desbordada y las pocas condenas, aparte de la cifra negra y la sensación de inseguridad que vive el ciudadano a lo largo del territorio nacional.

La duda sembrada en el editorial del Universal se disipa para los lectores de Ultimas Noticias y Vea, al titular para ese mismo día, las acciones tomadas por el Ministerio de Justicia en los organismos policiales y de inteligencia incursos en el hecho, como las medidas disciplinarias a miembros y funcionarios directa e indirectamente responsables del mismo: “Purga Policial por la Masacre” (UN) “Intervenida la DIM por masacre de Macarao”(VEA), ambos medios en el sumario informan sobre la destitución de 7 jefes de la Cipc, entre ellos los de Homicidios y Criminalística, y la detención de 26 funcionarios, 20 de la DIM, 5 del Cicpc y un Policaracas.
Es indudable la clara denuncia sobre la violencia y el empleo de la fuerza o la intimidación contra una persona o un colectivo, en la que han coincidido tanto el gobierno como la oposición, al igual que estos cuatro medios analizados. Y así lo expresan algunos de sus titulares: Indignación por muerte de estudiantes; CEV repudia masacre de Kennedy; Ministro Chacón anunció destitución de funcionarios; privativa de libertad a 26 policías por matanza de estudiante; Fiscalía garantiza sanciones; Siete funcionarios pueden ser acusados de homicidio calificado; Chávez exige pena máxima para asesinos de estudiantes
Sin embargo, cuando se politiza una noticia de este tipo en razón de la confrontación política o por la inminencia de las elecciones, se corre el peligro de sobreestimación del grado de violencia de la sociedad con relación a la magnitud del comportamiento violento efectivo. Igualmente, el manejo mediático del caso Kennedy podría suponer un caso de violencia pasiva hacia el usuario/espectador del medio de comunicación social. Es decir aquel tipo de violencia que sin expresar explícitamente fuerza o coacción, logra someter a los otros a la voluntad del manipulador con la clara intención de obtener ventaja y de colocarse en una situación de dominio. Por su parte, el otro-usuario, colocado en una situación de desventaja, ve disminuida su capacidad de decidir y actuar, por cuanto el manipulador controla la situación, pero de una manera enmascarada y, de forma tal, que impide a la víctima del sometimiento liberarse de esa manipulación.
La semana muy rica en información sobre el caso de los estudiantes de la Santa María, ha permitido confrontar al lector, además de la violencia representada , con otras modalidades de la violencia:
• la violencia anómica, la que corresponde a todos los tipos de comportamiento desviado, como la delincuencia en sus diferentes manifestaciones, crímenes y asaltos.
• la violencia sociopolítica, aquella ejercida por los aparatos represivos del Estado, ya sea en períodos de excepción (estado de excepción), ya sea en la vida cotidiana (estado de derecho)
• La violencia de carácter contextual que da origen a "culturas de violencia" o a "territorios socioculturales" de violencia y patrones nacionales y regionales de violencia.
• Finalmente, se muestra la distancia que media entre la violencia real y la sensación subjetiva de la violencia.
Finalmente, el tratamiento que este caso ha recibido de los medios de comunicación social, no sólo nos habla de la violencia manejada discursivamente, también nos habla de la violencia trabajada como mercancía, pero fundamentalmente nos habla de un “fascismo societario ”. Dinámica social que conduce a la expulsión de grandes segmentos de la población o, en todo caso, los mantiene “irreversiblemente fuera de cualquier tipo de contrato social…son rechazados, excluidos y arrojados a una suerte de estado de naturaleza hobbesiana...”manifestación “del colapso de las más triviales expectativas de la gente” que vive bajo tal régimen societario. La gente sometida a un fascismo societario, “vive en un constante caos de expectativas donde los actos más triviales se empatan con las más dramáticas consecuencias.
Sin embargo, dice de Sousa Santos que “es importante no perder de vista…que no es el estado el que puede tornarse fascista, sino las relaciones sociales:locales, nacionales e internacionales. Sin embargo, es tan profundo el desfasamiento en las relaciones sociales, entre inclusión y exclusión, que se convierte en un fenómeno espacial, donde los incluidos viven en áreas civilizadas, los excluidos en áreas salvajes y, además, se levantan barreras entre ellos (condominios cerrados, comunidades cercadas). En las zonas salvajes, por ser potencialmente ingobernables, el estado democrático se ha legitimado democráticamente para actuar de un modo fascista”.
La violencia representada da cuenta de ese “fascismo societario” urbano, suerte de error policial. Pero a la vez nos permite destacar como el tratamiento que los medios analizados han dado a la muerte de estos tres estudiantes, contrasta con la tradicional subvaloración de hechos de violencia semejante, que no eran registrados en ningún lado o formaban parte de la “cotidianidad” de ciertos "territorios socioculturales".
“Cuando no se siente, no se sabe más que es la violencia exactamente, toma su lugar el odio -tan visible en la indiferencia predadora de las élites como en la crueldad física de los actos de agresión anómicos.”

 

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